07 mayo 2019

"¡Huy, qué miedo!": la brujita Pancheta y un mensaje contra la discriminación a través de la literatura infantil

Portada cuento
(imagen de sitio Casa del Libro)
LITERATURA
A raíz de una sencilla tarea preescolar que le solicitaron a mi hija más pequeña, de casi 5 añitos, le leí este lunes antes de dormir "¡Huy, qué miedo", del escritor uruguayo Ricardo Alcántara, de generosa y laureada obra. 

Varias ediciones ha enterado el cuento de 1991, de la colección Tucán de la editorial Edebé de Barcelona (cuyos derechos en Chile los adquirió Don Bosco), sobre una brujita, Pancheta, quien no tiene hermanos y cuyos padres recién deciden llevarla al colegio después de cumplir seis años, razón por la cual la pequeña puede conocer allí a niños y niñas de la misma edad y jugar al fin con alguien.

A raíz de un tema que en la organización laboral a la que pertenezco le ha otorgado un especial énfasis: la inclusión, decidí escribir la presente y pequeña referencia sobre el cuento infantil. El concepto de inclusión tiene un matiz diametralmente diferente al de discriminación, pero ambos figuran en todo debate en torno a la integración, palabra que se aproxima notablemente al espíritu de inclusión (incluir, aceptar, juntar, hacer en común, socializar, convivir, valorar, etcétera). Por lo tanto, a pesar de la contradicción espontánea de términos, también me acordé automáticamente de "discriminación" al leer el cuento. La palabra "discriminación" apunta más a las diferencias odiosas que los propios humanos establecemos entre nosotros mismos. 


Me encantó "¡Huy, qué miedo!", pero no sólo por el potente mensaje. Muchos libros infantiles tienen la particularidad virtuosa de tener ilustraciones (en este caso de autoría de un especialista que se apoda Gusti) y un relato que invita al histrionismo de quien lee, lo que calza perfecto con el estilo de contar cuentos que tenemos tanto yo como mi esposa y madre de mi pequeña. 

En efecto, Rocío se mantuvo casi la totalidad de la narración (sólo 40 hojas de letras con tamaño apropiado para la lectura de una publicación infantil, con el atractivo añadido de los coloridos dibujos) muy prendida hasta que (es natural después de un laaaargo trajín diario) se quedó dormida. Mientras yo leía ella me pedía a cada rato que le mostrara los dibujos y, tras cartón, lograba discernir algunos aspectos relevantes, no necesariamente detallados por el autor: "Papá: mira, Pancheta está llorando allí", me dijo. "Si, mi amor. ¡Tienes toda la razón!", le contesté. 

Y el valor añadido tiene que ver con la parte verbal, justamente: Alcántara y particularmente, Pancheta nos invitan a reflexionar sobre los miedos absurdos acerca de nuestras diferencias, las mezquindades, los prejuicios, el egoísmo y ciertas cosas alimentadas por la ingenuidad de los niños pero a la vez fomentadas por la ignorancia de los padres. "¡Huy, qué miedo!" nos muestra cómo ese panorama adverso, mediante situaciones accidentales y acciones altruistas, puede cambiar para bien. 

 

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