29 agosto 2018

"Denver" en la Vega

Denver (Sitio Jolygram)
Estoy de compras con mi esposa en la Vega Central, el popular mercado ubicado al sur de la comuna de Recoleta, próximo al río Mapocho. El Gran Santiago no es precisamente pequeño y, además, cobija a algo más de cinco millones de almas.

Dejamos a nuestras pequeñas en la casa de su abuela materna, es mediodía y el objetivo es volver temprano allí (alrededor de las dos de la tarde) con los abarrotes comprados a fin de cumplir al pie de la letra la agenda dominical previa al almuerzo. En síntesis de momento no hay más preocupaciones: las niñitas están sólo a algunos kilómetros de distancia y en buenas manos, seguramente regaloneadas por "shu buela" y sus querendonas tías. 

Sin embargo, en lo que parece una rutina habitual de compra ocurre un hecho sin precedentes dada su peculiaridad: entre vuelta y vuelta en la Vega me encuentro con Denver. No me refiero a la ciudad norteamericana ni al gran y recordado cantante de esas mismas latitudes: John Denver ("🎵🎶 Sunshine-on my shoulders-makes me happy...🎵🎶"). Me refiero a aquel muchacho de carácter "mecha corta" de "La casa de papel". No Jaime Lorente, el actor, sino que Daniel Ramos, el Denver genuino.

Va en una esquina del recinto mismo, cargando un saco, cuando de pronto me ve y, del impacto, se le cae violentamente el pesado objeto. Su reacción es muy típica suya: por su impulsividad y falta de sentido estratégico, una mezcla rara del detective David Starsky ("Starsky y Hutch") y el mayor Donald West ("Perdidos en el espacio"), arquea las piernas y estira los brazos como arquero de fútbol, serio como si yo fuera el adversario que supuestamente le va a meter un gol. Dicho de un modo simple: una especie de susto repentino pero a la vez desafiante.

Sin embargo me agrada mucho la forma de ser de Denver, porque no es lineal, algo que funciona perfectamente en su estilo de enfrentar la vida. En efecto, la sorpresa antecede a una gran muestra de amistosa efusividad.

-¡Gonzalo, querido! ¡Donde nos hemos venido encontrar, tío! -expresa en voz alta y muy sonriente, antes de abrazarnos con vigorosos, aunque dosificados, manotazos en la espalda.

-¡Lo mismo digo, Daniel! -le respondo antes de largar una risotada.

-Y te agradezco que me llames por mi nombre real -me retruca casi susurrándome al oído.

-Vaya, vaya...¿Algún deseo de dejar atrás un pasado que igual te enorgullece?

-¡No seas gilipollas! Lo que pasa es que estoy sin papeles todavía y tengo mi ...patrimonio, si quieres llamarlo, escondidito por ahí.

-¡Pero Den...! ¡Perdón!...Daniel.

-Más te vale guardar el secreto -advierte mientras se agacha nuevamente y se lleva el índice derecho a la boca.

-Ok. Te ayudo con el saco.

-No te preocupes. Además no se ha hecho daño -me responde Denver, antes de mostrar sus musculosos brazos. Es delgado pero fortachón y algo más alto que yo: le calculo como 1.77. Nada mal para la "sangre latina, roja y furiosa", como diría Jorge González de Los Prisioneros.

Las vueltas de la vida

Caminamos hacia el puesto que tiene en el recinto y que comparte junto a una muchacha muy parecida a Tokio ("La casa de papel"). Venden algo así como productos medicinales naturales (y bien artesanales: los meten en bolsitas o paquetes rústicos con descripciones escritas en mini letras tipo Calibrí). No tiene mucho que ver con el resto de los locales del tradicional lugar, donde las frutas y las verduras son los productos que se encuentran en mayor número. De pronto me "guasapea" mi mujer.

-¿Te están vigilando, tío? -pregunta Denver con la cara llena de risa mientras saca un pucho de su banano.

-No. Al revés y me dice que está viendo la fruta- aclaro al joven, cuyo archiconocidos overol rojo y máscara de Dalí es parte de otra historia. Hoy está con jeans, zapatillas y una camiseta de la Juventus, el más popular club de Italia en materia de balompié ( ¿será por el "Bella Ciao"?; me lo pregunto porque él no es italiano; sino de Murcia, al sureste de España).

De pronto descubro que tengo tiempo para conversar: son las 12:45 y la compra, en lo que a mí concierne, está prácticamente lista. Sólo me faltan unos apios listos con los típicos rabanitos (algo que parece que es bien chilensis).

-¿Es tuyo este bolichito? -le pregunto dejando de lado mi estilo diplomático y poniéndome un poco a tono con el de él.

-No. Este bolichito, como le dices, le pertenece a un tío que es estudiante de agronomía.

-Vaya, vaya: salió todo un emprendedor el muchachito.

-¡¡Naaaa!!!! El papito lo apoya. Como dicen ustedes, ese tío sí que tiene lucasss- me responde irónico, con una sonrisa que muestra la dentadura monumental que tiene.

-Sííí-le manifiesto escuetamente, aunque con cara de asombro sobreactuado.

-Así es: el viejo es dueño de una mansión y un yate- enfatiza Denver.

-Igual que Elmer J. Fudd, el adversario de Bugs Bunny -le complemento, antes de que soltemos una sonora risotada que se siente en todo el sector en presencia de varios locatarios y "caseros". Por cierto, Susana, la chica parecida a Tokio, salta de la impresión y después hace una mueca de fastidio al respecto, mientras le vende a un tipo.

-Oye, Gonza, ¿vamos a fumar al estacionamiento? 

-No suelo fumar, pero acepto y te acompaño. ¿Es cerca?

-Aquí detrás, en el recodo norte, frente a los baños -detalla Denver. Caminamos hacia allá, llegamos y nos detenemos para hablar relajadamente.

-No me quejo. No es gran cosa, pero el tipo nos trata bien -me confiesa en torno a su actual empleo, antes de que yo me acerque a él y le diga algo al oído.

-Oye, Daniel, ¿tienes algo con esta niña? -le susurro.

-¡Joder!-ríe.

-No me digas que sigues pensando en Mónica.

-¡Nooo! -ríe más fuerte.

-Bueno, a tu padre nunca le gustaron mucho ella y Tokio -le respondo mientras él se pone serio.

-Mira, Gonza, como gran consejero, mi padre me advirtió como eran las chavalas.

-¿Algún problema de clase?- le pregunto.

-No tanto. Pero supongamos que en el caso de Mónica, sí. Es muy, como ustedes dicen...

-¿Zorrona?...Sí, tienes razón: al menos lo es en su físico y en su forma de ser.

-Sí, claro -afirma Denver mientras, espaldas a la pared, agacha la cabeza y sostiene el pucho con la mano derecha para dar una calada.

-Y Tokio es todo lo contrario.

-Claro. "Shoronga"-como dicen ustedes- ríe fuerte y yo replico la risa con mayor intensidad.

-Aquí en La Vega hay más chavalas parecidas a Tokio que a Mónica- añade Denver.

-Y en Pudahuel, en Cerro Navia, en San Ramón...

Denver (sitioWeheartit)
-¡En casi todo Chile, tío! Y a pesar que la mayoría son menuditas, vaya que están buenas, ¿eh? -retruca Denver con una sonrisa y ojos brillosos.

-No se te ocurra decirles un piropo en presencia de ellas, sobre todo si es muy vulgar. Te puedes ir a la cana -le advierto igual de sonriente, antes que diera la enésima calada a su cigarro. Yo dí las mías, aunque con menos histrionismo en comparación a él.

-Volvamos, Gonza.

-Volvamos.

A lo lejos se escucha "More than a woman" de los Bee Gees, uno de los temas que más me gustan del clásico del cine "Fiebre de sábado por la noche". Denver se pone a bailar, pero no como John Travolta, sino que como una cruza extraña entre Michael Jackson, Chayanne y Emmanuel.

Un "gran plan"

Aunque los minutos son escasos, ha sido bien provechoso el encuentro entre amigos. De pronto mi esposa logra ubicarme. Le presento a Denver y queda sorprendida. Acto seguido le presento a Susana, pero no se sorprende tanto.

De pronto ambas damas descubren gustos en común, como las manualidades, y sintonizan bien. Es el instante preciso para que Denver me lleve a algo así como un "backstage" del local, donde quiere revelarme algo.

-No me digas que tienes ...de los otros "cigarros" -enfatizo antes de reírme un poco.

-¡No bromees!- me exclama serio.

-...O lingotes de oro, o armas...

-¡Deja de joder, Chalito! Acá no pasa nada -me mira levantando la ceja.

-Say me more.

-Estoy preparando un gran plan y no se lo puedes contar a nadie.

-¿De qué se trata?

-No quiero entrar en detalles. Lo único que puedo decirte es que soy parte de una organización que busca secuestrar a gente muy importante y tenerlos de rehén en un edificio enorme, que no es el palacio de gobierno. El dinero involucrado es muchísimo...o estamos con la idea de llevarlo todo, mejor dicho -asegura el chaval con una leve sonrisa en el tramo final de sus palabras.

-¿Y el grupo lo diriges tú o el profe Sergio?

-¡Naaa!, el profe, Berlín, Nairobi, Helsinki y los otros no tienen que ver con esto.

-¿Y con quiénes estás?

-Hay varios, pero sólo te puedo decir que el líder es un estudiante universitario, quien te conoce y me pidió un favor. Creo que tú me puedes ayudar.

-¡...! -me quedo con la cara estupefacta y con la frente arrugada.

-Le dicen el "Tutú".

-¡Ah!, ¡es uno de los sobrenombres del "peyote" Monje!, ¿qué es de ...? -no alcanzo a completar la pregunta cuando violentamente me cierra la boca con una mano y, con la otra, hace el típico ademán de silencio.

-¡Hostia!, ¡por el puto sacristán!, ¡esto nadie lo puede saber!

-Ok.

-"Tutú" está ansioso por ubicar al "éxtasis" Marambio.

Luego de meditar algunos segundos, le digo a Denver que al "éxtasis" Marambio le perdí la pista hará cosa de un año atrás, pero que puedo perfectamente ubicarlo...Sé cómo, por cierto. El suspiro de alivio del oriundo de Murcia y matón de discotecas es evidente.

-Pensar que el "éxtasis" pasó abruptamente de estudiar periodismo a hacer teatro callejero y clases de malabarismo-. Digo esto y la carcajada de Denver es tan fuerte que se debe llegar a escuchar hasta en el estadio Santa Laura. Mi esposa y Susana se exaltan y asoman sus cabecitas mirando al rincón donde estamos los dos varones . 

El pelo de Susana es como castaño caoba, muy largo y ondulado. El de mi mujer es igual pero crespo. Lucen radiantes al contraluz. Pero Denver no para de reír. Le habrá dado un ataque de risa, pienso.

Las mujeres vuelven al rincón donde estaban, pero el anfitrión repentina y violentamente deja atrás el ataque de risa, se  me acerca, me agarra el mentón con una mano y me levanta un poco de mi asiento. Me mira con esas caras tan típicas de los buenos "pa'l ala" en su máxima tensión. Es como si fuera Tony Manero, quien se siente amenazado ante alguien que lo quiere destronar de las pistas de baile y, de paso, quitarle a su novia.

-¡Que te pasa, huevón! -le respondo algo exigido y tomándole, al estilo Bruce Banner antes de transformarse en Hulk, la mano que me tiene rígido. Pero el resultado para mí no es satisfactorio.

-¡No sé lo digas a nadie!, ¡a nadie, tío!, sino ...-me conmina, sin detallar la consecuencia de una eventual desobediencia. 

-Daniel: aunque tú tienes más calle que yo, tú sabes que te quiero como a mi hermano menor, incluso como si fueras mi hijo...Lo único que te diré es que...-le retruco, igual de rígido y complicado para hablar.

-¡Qué!, ¡dímelo! 

-Haré lo que dices, pero ten mucho cuidado después en lo que vas a hacer -le respondo con voz pastosa y medio obtusa.

De pronto escucho la voz de mi mujer. "Gonzalo: son las 1 y cuarto. ¡Vamos!", ordena. No alcanza ella a asomar la cabeza cuando Denver automáticamente se tranquiliza. Deben haber sido mis palabras ...y las de mi cónyuge las que logran calmarlo.

De pronto ella se acerca junto a Susana. Denver y yo nos reímos como dos niños traviesos (pensar que segundos antes me tenía agresivamente tomado de la barbilla). La idea, por cierto, es despedirnos. 

No alcanzo a ponerme de pie cuando Denver, de espaldas a mí, me pega un fuerte cachamal y, casi de inmediato, me agarra una mejilla con la mano izquierda y, con la otra, me da un par de palmaditas en la mejilla restante.

-¡Bieeenn, Chalito!, ¡eres todo un genio! -remata el natural de Murcia con una sonrisa de oreja a oreja.

Y casi automáticamente nos reímos más fuerte que antes. Ellas miran serias, moviendo la cabeza de lado a lado como diciendo: "¡son tan cabros chicos!".