06 septiembre 2017

Aníbal Echeverría nos revela los secretos de un tipo de Kung-Fu

MOPENSES
El funcionario de Bienestar MOP es instructor de Hung Gar, que trabaja el aspecto físico, emocional y mental.

Para Aníbal Gustavo Echeverría Acuña la contribución del tipo de Kung Fu que cultiva, el Hung Gar, para cualquier persona que desee practicarlo, tiene su puerto de destino en los aspectos físico, emocional y mental: “ayuda a superar sus capacidades en tal sentido. Todo es mental y todo problema es un bloqueo que las personas se crean”. El instructor añade que “todos tienen la capacidad de seguir en la práctica, avanzar, superarse y a mirar el entorno de otra manera, gracias a esta disciplina”.

Y, es más, en relación a la tendencia de algunas personas en asociar el arte marcial con lo violento. Aníbal considera que esta idea es errónea y genera confusión. “Esto es bonito y la idea es que la gente participe”, enfatiza. En otro plano Echeverría destaca que, además de un atributo competitivo, el Hung Gar tiene un alto componente creativo, que se manifiesta en exhibiciones como la “Danza del León”, que los funcionarios del Ministerio de Obras Públicas pudieron disfrutar en el reciente aniversario de la cartera.


Como representante de la academia que cultiva la clase de Kung-Fu aludida, comenta Aníbal que han efectuado diversas presentaciones, incluso fuera de Santiago. “Hemos actuado en el Banco de Santander, en el Ministerio de Defensa, en un templo budista de Talagante; hemos ido a Concepción e iremos a una pronta competencia en Chillán”, detalla. 

Funcionario de la Subsecretaría, nuestro entrevistado trabaja en el Servicio de Bienestar y, desde hace dos meses está a cargo de dos sesiones de Hung Gar de una hora cada una dos veces a la semana, iniciativa que se mantiene abierta para los/as interesados/as (datos de contacto al final del texto). Él prefiere no hablar de “clases” o “curso”, dada las connotaciones de muy específicos o limitados que ambos conceptos poseen. Al respecto, Aníbal da un dato motivacional preciso para quien quiera hacer esta forma de arte marcial: “esto dura para siempre: es indefinido. La idea es que los alumnos crezcan más, se establezcan sus metas. A lo mejor algunos de ellos quieren entrenar para desestresarse, lo que es válido; y, otros, siempre han querido ganar medallas o subir grados, y les interesa el aspecto más competitivo”.

-¿Cómo ha sido la recepción de los alumnos?
-Buena. Quienes van son responsables y se nota que quieren aprender. Uno de ellos ya entrenó este Kung-Fu anteriormente con otro maestro. Una alumna es harto empeñosa y aprende. Ahí estoy siempre apoyando. Vamos sacando las técnicas de a poco. Todo parte de menos a más: nunca de más a mucho más.

Cabe resaltar que, si bien es cierto hay tres personas, Aníbal proyecta que, con la mejora de tiempo al arribar la primavera, aumentarán los participantes. 

En el plano familiar su evidente constancia es vista como una saludable costumbre. Tiene un hijo pequeño, quien es un aliciente más para seguir en una senda que combina la fuerza física con el espíritu y, sin descartar de paso, la futura creación de una escuela propia. “Yo también hago clases en la academia y, a veces, reemplazo al maestro”. Ese interés genuino por una actividad cultural característica de la China milenaria no se detiene con el Hung Gar. “He ido aprendiendo cosas de medicina china, como terapias con ventosas chinas”, añade Aníbal.

-¿Cuál es, a tu juicio, la principal contribución de la disciplina que desarrollas?

-La disciplina que practico es un sistema de lucha más que un estilo. No hay que confundirse en eso. Como sistema de lucha tiene incorporado, aparte de las defensas y los ataques, el Chi-kung marcial, que viene dentro de la forma de Kung-Fu que yo practico. Y eso tiene un beneficio tanto físico como emocional, porque va trabajando los dos aspectos como al mismo tiempo. También el Chi-kung terapéutico tiene incorporado algo de medicina china. Entonces, como que se va relacionando todo con la teoría de los cinco elementos o la teoría del yin yang, por ejemplo. Todo tiene un significado en torno al Kung-fu que practico.

-¿Cómo surge tu interés al respecto?
-Siempre he querido entrenar algún arte marcial. Eso nació cuando niño viendo las películas sobre el tema, pero antes mis papás no podían costearme un entrenamiento. Hace cinco años (ya voy para los seis) me empecé a interiorizar sobre el tema. De hecho, quería practicar otro estilo de Kung fu, que se llama Wing Chun, pero me dediqué al que practico ahora, que lo encuentro bastante bueno y me gustó bastante. 

Aprendí rápido, tuve buena memoria, empecé a desarrollar técnicas bien rápido y, después, quise aprender más para ser instructor.  

Siempre me gustó el Kung-Fu. El karate y el Taekwondo no me gustaba, pero sin desmerecerlos porque son buenos referentes de las artes marciales. 

-¿Es competitivo este tipo de arte marcial que practicas?
-Hay diferencias al respecto: el Kung fu que nosotros hacemos es tradicional. Por decir una palabra: es más de guerra, es un sistema de lucha bastante fuerte, rudo, agresivo al nivel de combate, de físico cuerpo a cuerpo. El otro es más espiritual, del alma, energético. 

A lo que señalé le complemento un combate deportivo que se llama Sanda. Es cómo empezar a luchar, aprender a soltarse, hacer golpes de puño y golpes de pie, entre otras variantes. Entonces, esas dos cosas las complemento para poder aprender a luchar.

Pero, en sí, también se compite con formas o combates.

-En cierto sentido, ¿hablamos de un modo rudo pero no violento?
-Claro. Esto no significa que uno aprenda esto y se ponga violento o una persona agresiva. No. Lo que ocurre es que el sistema es así: al aplicarse es bastante fuerte.

-¿Cómo ha sido la experiencia de llevar esta disciplina al ministerio?
-Buena, a pesar de que este tipo de Kung-Fu, el Hung Gar, es poco conocido a nivel mundial. Los mayores exponentes deportivos son el Karate, el Judo o el Taekwondo. Además, son más conocidos entre los estilos de Kung-Fu, el Choi Li Fut, el Wushu, el Shaolin, el Wing Chun, etcétera. Entonces, el Hung Gar recién está tomando peso a nivel mundial y han habido hartos países que están entrando a lo tradicional.

-¿Cuáles son las características de una sesión?
-La clase la divido. Van a haber semanas que vamos a hacer formas: posturas, los tipos de golpes, los estilos que vienen dentro del sistema de lucha del Kung-Fu que hacemos, el Hung Gar. Ahí entra el Chi kung y teoría. Entonces, en esa semana se enseña todo eso, pero de a poco. Obviamente antes les detallo a los alumnos sobre qué va a tratar la clase y qué vamos a hacer. Y, a la otra semana (vamos semana de por medio) ya viene lo deportivo: el Sanda, que son puras técnicas de combate: puño, pie, desplazamiento, agilidad, moverse, rapidez y resistencia, por ejemplo. Eso ya es más físico.

Contactos: anibal.echeverria04@gmail.com, anexo: 3369.



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