15 junio 2017

Una noche irreverente

Marilyn Monroe
Sitio Alucine
SEXUAL DELICADEZA
Me tomé algunos tragos en un bar con John Fitzgerald. Varios personajes de distintos tiempos de pronto aparecieron. 

Quizás fue mi amigo Barton Fink, cuya irreverente figura se introdujo anoche en mi mente para despertar a mi irreverencia (valga la redundancia), congelada por las estructuras de lo convencional.


La película “Barton Fink” (1991), clásico de los hermanos Cohen, me “aterrizó” para superar un bloqueo mental. Ese filme me gustó harto pese a que su formato de cómic suele hacer creer a muchos que la casi estática gestualidad de los personajes y la aparente prevalencia de diálogos absurdos, no brindan coherencia alguna.

Pero creo que sí tiene coherencia y mucha. Es como ver, en materia de largometrajes, “A Hard Day’s Night” o “Help” de los Beatles, o “La Rosa Púrpura del Cairo” de Woody Allen. Evidentemente hay otras producciones cinematográficas que pudiesen entrar en esa categoría, que podríamos bautizar perfectamente como “lúdico-surrealista”.

Regreso al Delorean
Más allá de esa reflexión, logré desbloquearme y me transporté a otras épocas, donde me encontré cara a cara con diversos personajes. Fue interesante porque dio cabida a cierta irreverencia mental, reclamada evidentemente por mis simples deseos de pasarlo bien en lugares distintos a lo habitual.

Y las situaciones “freak” sucedieron una tras otra: Almodóvar decapitando al franquismo, la Thatcher y Reagan siendo objeto de las burlas por parte de sus detractores mediante una afiche parodia de “Lo que el Viento se Llevó”, Michael Fox como Marty McFly en el automóvil Delorean viajando al pasado, Julio Iglesias aburriéndose de ser millonario y olvidándose de vivir, Lennon y McCartney cantando “Twist and Show” y Ray Conniff agitando a su orquesta coral en “Cómo Luces Esta Noche”.

De pronto apareció Truman Capote, quien me contó detalles´del homicidio de una familia en manos de dos psicópatas de grueso calibre (como que él intuía que daría origen a una novela superventas y al “Nuevo Periodismo”), el presidente Kennedy conversando con una famosa rubia, Fidel y el Che fumándose un habano con Jodorowsky y analizando el desempeño del nada irreverente Allende el mandatario, Elvis y Chuck Berry entendiendo que el rock and roll no es cosa de blancos o de negros; Laurel y Hardy recibiendo a su amigo Soriano; los tres chiflados haciéndose “caricias” y Chaplin, interpretado por Robert Downey Jr., reconociendo que no puede mirar a una mujer sin pensar en el sexo.

Un flamante Delorean operó como máquina del tiempo. Me imaginé en algún minuto que era el capitán Steve Burton de la serie de ciencia ficción “Tierra de Gigantes”, pero recordé que no tengo su figura y que, además, estaba interpretando el papel de un irreverente. Preferí entonces actuar como un mix entre el mercenario Han Solo de “La Guerra de las Galaxias” y el irónico capitán George Taylor de “El Planeta de los Simios”; en otras palabras, una mezcla rara entre Harrison Ford y Charlton Heston (rara porque, comparado con cada uno, deben haber unos 15 centímetros de altura en mi contra).

Marty McFly
Sitio Filmgarb
Fui a parar a un bar. Vi a un viejito con pinta de cura y un acompañante más joven que él. El veterano era un hombre alto, canoso e iba cabeza gacha saliendo del lugar. Como que se notaba que no lo había pasado bien últimamente.

-Buenas noches, señor -le dije perdiendo un poco mi irreverencia.

-Buenas noches, joven. No me mire con tanta lástima -me miró pensativo y en forma lastimera-. Sé que si me mal dijeron, les bendeciré; y, si están libres de pecado, les dejaré tirar la primera piedra.

-¡Gracias!, que le vaya bien -me despedí sonriente. 

Los “rollos” del Presidente y otras hierbas
Y entré al bar y, finalmente, fui a parar donde mi amigo John Fitzgerald, el Presidente.

-No puedo dejar de pensar en Marilyn. Ayer le besé hasta la sombra -dijo él, muy desgreñado.

Se cree Arjona (pensé). Nada le pude decir: es el mandatario de la nación más poderosa del mundo que estaba vestido como un ciudadano común y corriente, con trago en la mano y conversando con un sudaca como yo acerca de su lado “B”, el aspecto más terrenal de su distinguida vida de dignatario. 

No crean que John Fitzgerald está en decadencia. La seguridad que no aparecerá en su futuro asesinato (soy todo un visionario) procuró, tanto adentro como afuera del boliche, que los dos disfrutáramos de un trago sin que alguien corriera riesgo.

-No te preocupes, John. Nadie se enteró ni se enterará de lo que ocurre acá. Estamos en Kansas y nadie puede pensará en averiguar que el presidente de la nación engaña a su esposa. Hay un reportero que está obsesionado con ser un gran novelista, pero le interesa más seguir a un par de jóvenes: uno con pinta de piel roja y su amigo, un gringo larguirucho y mal agestado.

Luego le susurré a John Fitzgerald al oído que los aludidos asesinaron a una familia de granjeros.

-Ninguno de ellos me preocupa. Me llama la atención el joven con salvavidas rojo -me respondió el mandatario.

-Se llama Marty. En realidad él se equivocó de película, de lugar y de tiempo. Su amigo, el inquieto doctor Brown, con quien viajó en su máquina del tiempo: el automóvil Delorean, se perdió en el Oeste y se cruzó, en una línea de tiempo, con un arqueólogo aventurero llamado Indiana Jones. Marty se ve afligido: y cómo no estarlo si no sabe si su amigo, el científico, está en Venecia, Berlín o Machu Picchu.

-¡Qué fuerte! Igual es bien guapa la joven que está con él -enfatizó John Fitzgerald.

-Es su mamá…Y eso que parecen de la misma edad: pero ella es de los años 50 y, él, de los 80. Imagínate el medio enredo mental que debe tener ese muchacho…Y todo por una inocente equivocación que alteró la línea de tiempo -le respondo a Kennedy.

-¡Chanfle!. ¿Tan inocente? -me preguntó el presidente.

-Bueno, no sé si tan, tan, tan inocente…Todo empezó con el robo de plutonio a los libios nacionalistas en el corazón de Hill Valley frente a la tienda JC Penney…¡Perdona!: ¡no me quiero poner latero! -le respondí con cara de preocupación.

-Descuida. ¡Fuerte lo del pobre Marty, compadre!. 

El revolucionario Sinatra

-Je, je,  ¡que me he divertido con los tipos que están atendiendo! -John Fitzgerald rió medio desganado. Obvio: el trago ralentiza la lengua.

-¿¡¡!!??.

Los Tres Chiflados
Sitio Banca y Negocios
-El gordo medio calvo que está de barman, el de la chasquilla: el administrador y el chascón que atiende las mesas…¿¡Los viste!?. ¡Parecen malabaristas!. Si no ha quedado la embarrada, es por milagro -detalló el mandatario estadounidense.

-Son como los tres chiflados…Oye, el dueño de este local me dijo que están negociando la actuación de un grupo de cuatro jóvenes que vienen de Liverpool, una ciudad portuaria inglesa que sufrió los rigores de la Segunda Guerra, y que los entendidos dicen que es una banda que va a revolucionar el rock and roll - relaté a mi amigo presidente (tiendo a sospechar que esos muchachos se van a transformar en Los Beatles).

-¿Revolucionar el rock and roll?. Estamos en 1962 y el único revolucionario que conozco es mi amigo Sinatra -respondió risueño Kennedy.

-¿Y dónde dejas a Pelé, a Puskas a Di Stéfano? -le consultó al poderoso líder. 

-¡Uhm!, ¿cómo no pensé en ellos?

-Soriano casi logró resucitar la carrera del gordo y el flaco. Lástima que Oliver no pudo disfrutar su fortuna y Stan va casi por las mismas…-agregué (en ese minuto pensé que el gordo y el flaco, en cierto sentido, también fueron revolucionarios).

-En cambio, yo prefiero recordar a Marilyn. ¡Qué noche la del último ayer!













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