14 noviembre 2016

Historias de Ferenc Mancilla: contradicciones en un día cualquiera

EN TERCERA CLASE
O, dicho de otro modo, cuando la velocidad de la imaginación es superior al "voluntómetro".

Ferenc Mancilla tiene una majamama en la cabeza ("melcocha", hubiese dicho Ricarte Soto), pero está contento. Tienes muchos deseos de escribir y de hacer un curso de locución, pero algo lo frena...Pero está feliz.

Hace algunos días acudió a unas charlas sobre inteligencia emocional, dictadas por unos catedráticos especializados, auspiciados por una conocida caja de compensación. Le fascina el tema, quiere escribir al respecto (y harto) pero se bloquea. Sin embargo se siente muy bien...Y feliz.

Disfruta por las noches, a través de su discreto celular, de un recital de Gustavo Cerati tocado en 2006. Le encanta él y su banda. Quiere hacerle un homenaje por escrito. Pero todavía no lo ha hecho. No obstante, se declara un hombre feliz. Además, le gusta el fútbol, el rock y literatura.

Sueña en el ocaso del día con contarle cuentos (valga la redundancia) a sus pequeñas hijas y con hacer un emprendimiento comunicacional junto con su esposa, quien tiene una profesión afín. Pero a su mujer le gustan las manualidades (es toda una artista) y sus pequeñas hijas "proclaman" sus definitivos sueños nocturnos de cada noche tardía o temprana al ver dibujos animados -Peppa Pig y Scooby-Doo, destacan por sobre un cuantioso resto-, antes de que Ferenc Mancilla les relaté algo que él considera mucho más entretenido y constructivo para ellas.

"Piano piano si va lontano" le decía su madre cuando pequeño. "Lento lento, lejos se llega" le traducía ella misma. "No te pongas ansioso. Tienes que estar seguro de lo que haces", le enfatizaba ella al pequeño Mancilla, mientras ella fumaba un cigarro de cajetilla de color verde desabrido y de fuerte aroma. Muy de los 80. Pero él era feliz y, hoy sigue feliz.

¿Por qué Ferenc se sentía feliz de pequeño y se siente feliz hoy? Claro, en los 70 y en los 80, pese a ciertas dificultades que debiesen ser parte de otro relato diferente al presente de Mancilla, la tecnología no avanzaba mucho y te invitaba a vivir la vida muy sencilla. "Nada de loca ni al estilo Ricky Martín", recordaba años después su propia madre. Así de simple. Hoy está Internet y el hombre descubrió las cartas gantt. "Son bacanes, compadre" le confiesa a sus amigos. 

Por eso se puede decir que es un hombre feliz del ayer y del hoy. La ansiedad producida por el deseo aquel de quien quiere abarcar mucho evitando apretar poco, se la pasa por alto. Dicen que es como un "Pit bull": aperradísimo. 

Dicho de otro modo, Ferenc Mancilla tiene una imaginación cuya velocidad es mayor que su voluntad. Pero es feliz porque está seguro que, como dice aquel refrán italiano que le susurraba su mamá cuando pequeño, lo logrará.