24 agosto 2016

"Cuentos completos" de Mario Benedetti: un baño de estilos

En un estilo que seduce por una atractiva construcción de personajes e historias, el recordado, destacado y admirado escritor uruguayo deja su sello imperecedero.

Mario Benedetti expone en sus "Cuentos completos" una enorme capacidad de observación. Quizás algunos de los relatos se centren en Montevideo o en la forma de ser de nuestros hermanos orientales del subcontinente, pero tienen la universalidad de los problemas de la clase media (sin descartar al resto) y de aquellas idiosincrasias que, al nivel de nación, padecen y han "padecido" del subdesarrollo y una que otra dictadura.


Amistades que se confunden con amores, amores imposibles, hombres verseros y otros muy creativos, la turbiedad de los que han abusado del resto de la humanidad y paralelamente profitado de los sistemas, la locura, las contradicciones, la escasez, los sueños inconclusos (el fútbol es una de las temáticas asociadas al respecto), el ser funcionario público, sólo por citar algunos ejemplos, son parte de los subjetivos hilos conductores que son parte de esta recopilación de vasta envergadura: 615 páginas.

Leí un ejemplar correspondiente a la décima edición, de 1999, perteneciente a la editorial Seix Barral.
Su variedad lo valida para disfrutarlo las veces que sean y, por cierto, de manera parcial si es factible cada vez como para no cansarse y "digerirlo" en forma satisfactoria: un par de cuentos por vez o unos cinco, lo que dependerá de la ansiedad por "devorar" páginas.

Son algo más de 120 historias, los que sintetizan a su vez 50 años de trayectoria literaria. "Esta mañana", "Montevideanos", "La muerte y otras sorpresas", "Con y sin nostalgia", "Geografías", "Despistes y franquezas", "El tiempo que no llegó" son los títulos en los cuales están divididos estos cuentos.

Párrafos escogidos
Para evitar un mar de datos, comparto parte de los párrafos iniciales de algunos de los cuentos:

"Es obvio que el éxodo empezó por razones políticas. En el extranjero los periodistas empezaron a escribir que en el paisito la atmósfera era irrespirable". ("Sobre el éxodo")

 "Hoy traigo dos pecados, padre. ¿Sabe cuál es el número uno? Que no me confieso ni comulgo desde hace dos años. El número dos es más complicado, y además muy largo de explicar. Pero a alguien tenía que contárselo. Tengo que desahogarme, padre". ("Relevo de pruebas")

"La primera vez que los vi fue en el Paseo Marítimo. No diré que parecían dos tortolitos, porque él tendría unos treinta y cinco y ella un poco menos, pero sí que eran la imagen viva de la pareja que se lleva bien y para eso no era preciso que caminaran abrazados o se detuvieran cada veinte metros para besarse". ("Balada")

"Un tal Lázaro Vélez se incorporó en su tumba, se despojó lentamente de su sudario, abandonó el camposanto y empezó a caminar en dirección a su casa. A medida que iba siendo reconocido, los vecinos se acercaban a abrazarlo, le daban ropas para que cubriera su desnudez, lo felicitaban, le palmeaban la espalda huesuda". ("Lázaro")

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