15 junio 2015

El barrio de "Pituca sin lucas": ¿agravio o ...estamos más cotizables?

La inconfundible copa de agua
HISTORIAS DE LA SATÉLITE
Exitosa telenovela de Mega, de reciente finalización, logró visibilizar más a la Ciudad Satélite.

Me generaban simpatía los personajes "satelinos" que aparecían en la telenovela, "Pituca sin lucas". No es que crea que la abundancia del humor en la producción del Mega haya sido promovida como una caricatura de la clase media. Hay algo más interesante allí.

Al respecto, debo confesar (algunas personas lo saben) que soy vecino del barrio que inspiró a los creativos de "Pituca sin lucas". He querido compartir en esta oportunidad una especie de radiografía, muy personal, de aquella zona residencial: la Ciudad Satélite de Maipú.

El panorama de cada mañana es el mismo de siempre. Y en cada tarde pasa lo mismo. Durante las primeras horas se ve gente ansiosa y con cara asustada. Por la tarde, los mismos llegan ojerosos y cansados pero notoriamente más tranquilos, salvo que el día haya sido de "aquéllos" (por lo "poco o nada felices") o, por el contrario, de ésos que "se dan de cuando en cuando" (por lo estimulantes).

Lo que es factible observar allí no es diferente a otros lados donde nuestra abundante y variopinta clase media reside, también denominados "barrios residenciales" o, en un plano territorial más amplio, "comunas dormitorio",

No está de más decir que el invierno es muy diferente al verano, salvo que la mayoría de los varones suelen entusiasmarse más en los meses de calor tan sólo por el hecho de ver a las damas con ropa de ... verano.

En el sector de la parada final de micros del recorrido 113, frente a un colegio cuyo nombre cita a unas altas montañas europeas, es posible ver que la notoria gráfica publicitaria del establecimiento educacional, cuyos símbolos son una joven y linda madre que acompaña a su pequeño hijo, reemplazo a otra donde era factible ver a un niño de unos 12 años con cara muy antipática y, de pasada, arrogante ("de familia arribista será el muchachito", dirán algunos). En buena hora el cambio.

Dicha parada está a la altura de la copa de agua, algo así como un sello distintivo para los colectiveros o taxistas cuando vienen a dejar gente a la Ciudad Satélite o, bien, para quienes visitan por primera vez o, en forma irregular, esta enorme villa...de 35 mil habitantes (según le escuché decir tiempo atrás a alguien con "conocimiento de causa" al respecto).

En síntesis, la copa de agua vendría siendo para la Satélite algo así como la torre Entel en el centro de nuestra capital, la torre de Eiffel en París, el Obelisco en Buenos Aires, los moais en la Isla de Pascua o la Estatua de la Libertad en Nueva York.

Perfiles o...¿simulacros de perfiles?

Largas filas de personas se apuestan en la parada aludida todas las mañanas. Hay allí, por ejemplo, hombres con pinta de gerente de inmobiliaria, aunque quizás ninguno entre en la categoría respectiva u otra similar (de por sí debe ser raro que un gerente de inmobiliaria ande en micro, salvo que sea alguien que responda a esa tipología y que esté muy dispuesto a dejar de lado la mezcla rara entre la comodidad de su automóvil y la "furia del taco" al conducir el vehículo en aquellas horas). 

Hay mujeres que se visten como para su primera cita en serio después de largo tiempo. Pero no hablo necesariamente de vestirse para una entrevista de trabajo, sino que para eso mismo pero ...con algo más de otra cosa.

Como le escuché decir a "otro alguien" por ahí (y en forma muy asertiva), ellas (mayoritariamente de un metro 60 ó menos, y con rasgos asiáticos, como la inmensa mayoría de las chilenas) suelen ser atractivas. ¿Ellos? No.

                           La copa de agua al anochecer
Cerca de la copa de agua y del paradero de la 113
La Satélite (nuestra "Satélite") es el barrio de "Pituca sin lucas", la telenovela del Mega. La filmación de varias escenas, a pocas cuadras de la copa de agua (nuestra torre de Eiffel) y del paradero, generó revuelo en la Ciudad Satélite. No me pondré latero en torno al por qué. Sólo diré que algunos lo tomaron como una molestia, otros como algo simpático.

Yo me pongo al lado de estos últimos. No se trata de que mi mujer se parezca a Paola Volpato y que yo, superando cualesquiera ley de la naturaleza, me haya ganado algunos centímetros de estatura para parecerme a Álvaro Rudolphy. No.

Creo que el hecho de ser la Satélite el destino forzado de una familia que en algún minuto fue de clase alta, como mostraba la telenovela, es un elemento de por sí atractivo. No quisiera caricaturizar a la clase media y decir que somos claros representantes de este mismo grupo, pero el hecho de que la producción se filme en esta villa, en el corazón sur poniente de la populosa comuna de Maipú, nos hace cotizables.

No se trata de pretender ser algo que no somos o, viendo el vaso medio lleno del siempre controvertido concepto de la clase media, mostrarnos como un grupo social pujante y emprendedor. No. No aspiro a ser grave tampoco. ¿Ustedes? Tampoco deberían serlo (valga mi redundancia y mi patudez).

Un perfil de los/as "satelinos/as"
En efecto, encontré muy simpáticos y sencillos a los personajes que se relacionan con la familia protagónica y cuya residencia fue precisamente el sector elegido por la producción del Mega para filmar parte importante de las escenas de la telenovela.

No se trata de hacer una radiografía del "satelino" (¿tendremos gentilicio?). A la vez, no quisiera hacer un perfil psicológico de los personajes de la telenovela (exitosa y muy bien lograda, por lo demás). Tampoco pretendo hacer un escaneo físico, mental y espiritual de los hombres y las mujeres de la Satélite, pero sí poner de relieve que nos han estereotipado...¡Y harto! Aunque no necesariamente por el producto citado.

Por eso me generaron simpatía los personajes "satelinos" ciento por ciento que aparecieron en la telenovela. Un ejemplo de ellos fue el personaje del hombre detrás del trabajador y del dirigente sindical de una pesquera, interpretado por Rudolphy.

Manuel Gallardo (así se llama el tipo) encajó en el perfil del hombre esforzado, amigo de sus amigos, quizás muy enamoradizo, padre querendón, pero notablemente humano y símbolo de aquella clase media que, al menos en mi parecer, nos representa más fielmente como una raza de mujeres y hombres que, detrás de las muy engañosas apariencias, no nos avergonzamos de nuestra condición social, salvamos el día a día a punta de esfuerzo y, de alguna manera, hacemos durar el bolsillo en beneficio de los nuestros.