31 mayo 2010

Gonzalo Figueroa Cea: El robusto señor rock

Crisálida: en potencia y serenidad, tremendamente intensa…

Exponentes como la agrupación chilena, de atractiva puesta en escena y propuesta musical, refuerza el clamor de apoyar al rock chileno, no sólo en el sentido de respaldar “lo nuestro” sino que también por la originalidad.

Me sorprendió Crisálida. No quisiera caer en lugares comunes en torno a las sensaciones básicas que nos genera la música, pero sí quisiera enfatizar que la reciente actuación de Crisálida, que pude presenciar el sábado 29 en la Sala de la SCD de Bellavista, fue muy distinta a la que vaticiné en mi imaginación durante los minutos, horas y días previos.


Para quienes tienen como predilección clasificar la música en materia de estilos sonoros -entre los cuales mañosamente me incluyo-, Crisálida no puede ser clasificado tan livianamente como “grupo de heavy metal con voz femenina”. No es estridencia ni ruido musicalizado. Tampoco es lo que pudiese ser denominado un power quinteto o un grupo de rock progresivo perfectamente vinculable a quienes rutilaron en los años 70, 80 ó 90. No.

En efecto, si consideráramos las siempre odiosas comparaciones, Crisálida no es blues ni rock and roll muy rudos al estilo Led Zeppelin o al de Monttrio. Tampoco desafían tímpanos ni desconciertan la visual como Nirvana, Pearl Jam u Octopus. Pero son igual de apasionados. No buscan parecerse a Deep Purple a través de un órgano que, unido a la guitarra, pudiese generar un diálogo musical autoritario. Pero en Crisalida claramente los teclados y las cuerdas dominan la melodía y bien acompañan la voz.

No son Genesis, Pink Floyd, Astralis o Entrance en los momentos calmos, donde la pulcra digitación de una guitarra distorsionada lidera una hermosa melodía, complementada por una base rítmica correcta y el abrigo suave de las teclas y de la voz. Pero en estos aspectos hay familiaridad con esos conjuntos en su sentido más típicamente progresivo. No son Rush en el tecnicismo de los instrumentos en su máxima tensión y la serenidad de la distensión de los mismos. Pero Crisálida tiene algo de aquel espíritu.

Los aspectos aludidos son interesantes. Y no es menor, tomando en cuenta que en el sitio web del conjunto (http://www.crisalida.cl/) aparecen mencionados Porcupine Tree, Pink Floyd, Rush, Los Jaivas y Fulano como “principales influencias”.

Parte de la piel

Crisálida -Cinthia Santibañez en voz, Javier Sepúlveda en guitarra, Rodrigo Castro en bajo, Mauricio Olivares en teclados y Rodrigo Sánchez en batería- es un grupo intenso. Los integrantes ejecutan sus instrumentos y se mueven en el escenario como si interpretaran cada tema y lo sintieran parte de la piel.

Los temas son variados, cada uno de ellos dura alrededor de siete minutos y permiten destacar a todos los componentes por igual. La voz de Cinhtia Santibañez es muy dulce. El bajo, a veces, lleva la melodía, como Yes, pero con menos tecnicismo y más convicción (con todo respeto para Chris Squire).

Deben caber más 200 personas en la Sala que la Sociedad Chilena del Derecho de Autor tiene en Santa Filomena. El público, mayoritariamente veinteañero y muy entusiasta, conocía muy bien los temas y los siguió con atención. Crisálida ofreció un repertorio de 7 temas, que incluyó “Indigo” (dedicada a los niños de Chile y del mundo), “Mitos”, “Raco” (inspirada en nuestro Sur de Chile y dedicada especialmente a las zonas más vulneradas por el terremoto del 27 de febrero) y “Atacama” (inspirada en el Norte).

Los muchachos se fueron muy agradecidos por su fiel público, que disfrutó muchísimo del espectáculo, apoyado con una pantalla en que se exhibían imágenes alusivas a las letras de la música de Crisálida: el conflicto del medio oriente, Vietman y la guerra como concepto en general; la desprotección tanto humana como la de la propia naturaleza, el calentamiento global, la falsedad discursiva del poder político y económico, las contradicciones de esos poderes, etcétera.

El ambiente fue distendido, los jóvenes regalaron tres CD de su producción más reciente, “Raco” (2009), e hicieron un llamado a seguir apoyando al rock nacional. Sin duda que la presencia de grupos como Crisálida debiese reforzar aquel clamor. Y aquí no sólo cabe el sentido de respaldar “lo nuestro”, sino que también el de apoyar la originalidad. En efecto, Cinthia formuló una amable invitación a los asistentes en el sentido de disfrutar la música de Six Magics, el conjunto que venía a continuación.

“Contacto” (1998), “Ameba” (1999), “Crisálida” (2006) y “Raco” (2009) son los álbumes que ha lanzado Crisalida, cosechando críticas muy favorables. Un sello de la categoría de Mylodon Records y el apoyo, como ingeniero de sonido, del músico y baterista de Evolución, Juan Ricardo Weiler, son parte del aval de la carrera de la agrupación chilena.

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